Javier Milei atraviesa el momento político más dulce desde que llegó a la Casa Rosada, dos años atrás. El presidente argentino ha puesto al Congreso a sus pies con la aprobación de tres grandes leyes en menos de un mes. Ese control de la agenda legislativa parecía improbable hasta hace poco para un dirigente que asumió con una fuerza parlamentaria minoritaria, inexperta y con una retórica de confrontación total con “la casta”. En esta nueva etapa, el líder ultra ya no se presenta como un outsider asediado por el sistema, sino como un mandatario que avanza como una aplanadora para moldear Argentina de acuerdo a sus ideas. Enfrente tiene a un peronismo incapaz de oponer resistencia: está malherido por deserciones y peleas internas por el liderazgo.
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