Decía Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar (1975) que la Ilustración no solo inventó las libertades, sino también la represión en forma de castigo. Y su correcta administración exigía la vigilancia del sujeto castigado, por lo que también entonces se inventó el panóptico, un tipo de construcción carcelaria que permite ver a sus moradores, los reclusos, sin ser visto por ellos. El artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad de México, 58 años) retoma esta idea al llevar su obra Deriva térmica al antiguo frontón Beti Jai de Madrid, un icono arquitectónico cuya configuración recuerda a aquellas cárceles –sobre todo por sus pisos de gradas desde las que el público podía seguir el juego de pelota-, solo que le aplica un giro radical, porque la pieza no pretende imponer disciplina, sino muy al contrario generar un sentido de unión entre quienes participen en ella. “Los espectáculos y las obras de arte interactivas como esta nos sirven para crear comunidad”, cuenta a ICON Design en videoconferencia desde Montreal (Canadá), donde reside. “El músico Frederic Rzweski dice que el objetivo más importante del arte es juntarnos, y aunque suene muy hippy es algo fundamental. Para eso seguimos haciendo arte, para que la gente comparta experiencias, en un momento en que todos nos pasamos horas pegados al teléfono. Estas obras interrumpen la narrativa que tenemos a diario sobre quiénes somos”.
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