La adolescencia es un período de desarrollo repleto de cambios y desafíos, donde las emociones se experimentan de forma intensa y se viven muchas nuevas experiencias. A muchas familias les cuesta aceptar que su hijo adolescente tenga necesidades distintas a las que tenía durante su infancia. Les resulta complejo concederle la libertad, el espacio y la autonomía que ahora necesita para crecer, para comenzar a tomar sus propias decisiones y dibujar su camino. Como padres, es natural querer proteger a un hijo; es un acto instintivo. A ninguno le gusta ver cómo comete errores y asume las consecuencias de sus malas elecciones. Por esta razón, muchos progenitores evitan que este sufra, se frustre o experimente emociones desagradables, como el miedo o la tristeza, adelantándose a sus posibles equivocaciones o eliminando las piedras del camino.
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