Unos 10 metros en línea ligeramente diagonal separan la tribuna de oradores de la Asamblea de Extremadura, donde María Guardiola defendió en la tarde de este martes su discurso de investidura, del escaño del líder de Vox en la comunidad, Óscar Fernández. A él le tendio la mano la candidata del PP durante su comparecencia de unos 50 minutos, clamando por dejar atrás los “reproches” entre las dos formaciones en público. También al líder nacional, Santiago Abascal, quien tiene la última palabra para hacerla de nuevo presidenta o forzar una repetición electoral. Para allanar el terreno, Guardiola lanzó guiños a los ultras, sobre todo en el rechazo explícito al Pacto Verde y a las reticencias sobre el acuerdo de Mercosur, buscando con sus palabras centrarse más en lo que “une” a ambos partidos que “regodearse en las diferencias”. Fernández hacía aspavientos desde su solemne asiento y no paraba de escribir en su libreta con cada referencia de Guardiola a asuntos relacionados con el feminismo o la inmigración. Tampoco dejó quieto el móvil.
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