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Un corto pone voz al vacío que sienten las familias de niños con enfermedades incurables: “No importa tanto el cuánto tiempo queda como el cómo vamos a transitarlo”

today5 Marzo 2026 2

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Los protagonistas del emotivo corto Nano y Choco. Los amigos de verdad nunca te abandonan recuerdan inevitablemente a los del libro infantil Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Este corto es una iniciativa de la Fundación porqueViven, una organización dirigida a los cuidados paliativos pediátricos integrales para niños con enfermedades graves y apoyo a sus familias en España, y a los personajes les ponen voz los actores Paco León (Nano) y José Coronado (Choco), que con sus diálogos también ponen voz al sentimiento de vacío que experimentan muchas familias cuando reciben el diagnóstico de una enfermedad incurable de su hijo.

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La historia de Blanca Batanero y su madre Margarita Maldonado

Este es el caso de Blanca Batanero, de 33 años. Su madre, Margarita Maldonado, cuenta su historia a EL PAÍS en una cálida sala de la sede de la Fundación porqueViven, situada muy cerca del parque de El Retiro, en Madrid. Blanca nació aparentemente bien, pero a los días Margarita empezó a sospechar que algo iba mal. No se equivocaba. Una infección que había sufrido sin percibirla durante el embarazo afectó a su hija, que nació con una malformación congénita en el cerebro (lisencefalia) que le produjo los síntomas típicos de una parálisis cerebral: problemas de movimiento e intelectuales, retraso psicomotor y unas crisis epilépticas muy tempranas que incrementaron el daño. El resultado: incapacidad para comunicarse y una dependencia absoluta.

“Ella ha tenido una vida bastante organizada y tranquila. La llevé a un centro especializado en parálisis cerebral e iba allí cada día, como cualquier otro niño que va a la guardería. Fue a partir de la pubertad cuando se empezaron a complicar un poco las cosas, y a partir de los 20 años cuando realmente empeoró su salud: empezó a tener infecciones respiratorias graves, ingresos, momentos peligrosos para su vida… Ahí es donde empieza su calvario y el nuestro, porque se quedó encerrada en casa y nosotros con ella”, rememora Blanca. A través del Hospital Universitario Infantil Niño Jesús de Madrid, Blanca fue derivada a la fundación. “Creo que mi hija no estaría viva si no es por ellos”, prosigue esta madre, “cuando llegó a la fundación, yo no había bajado los brazos, pero sí que pensaba que mi hija se iba”. Ella sabe que nadie le va a quitar a su hija lo que tiene, pero todos sus problemas de salud han ido a mejor. “Tiene una supervisión constante entre el hospital y la fundación”, añade. Margarita también sueña con ver a su hija en las instalaciones del Centro de Atención Paliativa Pediátrica Integral de España: “Ojalá mi hija pueda ir a hacer algo que no sea verme a mí y a su padre dándole medicamentos. Eso es muy poca vida”.

Scritto da: webmaster

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