Pixar sabe muy bien lo que hace. Lleva sabiéndolo 40 años, desde que abrió sus puertas como estudio de animación independiente; y también 20, desde que pasó a formar parte de Disney (el fructífero matrimonio celebrará su vigésimo aniversario este mayo). De ahí que hayan ido pillando el truco a lo que su público, cada vez más amplio, espera. Por eso ya no hay proyecto menor para ellos, ni secundario. Es el caso de Hoppers, su primera película del año —en salas hoy 6 de marzo—, pero que, en perspectiva, es la segunda en importancia. La cuarta secuela de ese arrollador éxito que es desde hace dos décadas Toy Story llegará a mediados de junio, pero antes, Pixar tiene claro que tiene más que ofrecer al espectador.
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