El panel luminoso de una gasolinera al este de Madrid es lo primero que llama la atención de muchos clientes al detenerse para repostar. El precio del diésel marca 1,829 euros y el de la gasolina, 1,715. Hace poco más de una semana ―cuando las bombas no habían caído todavía sobre Irán― ninguno de los dos combustibles superaba los 1,60. Francisco Javier González, comercial de 62 años que acostumbra a hacer entre 700 y 1.000 kilómetros a la semana por su trabajo, no tarda en encontrar las palabras después de pasar por la caja de la gasolinera: “Indignación y cabreo”. La semana pasada llenar el depósito le costó 55 euros, este lunes ha pagado 70.
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