Después de dos horas de alfombra roja (más unas cuantas de preparación), tres y media de gala, nervios, trajes apretados y dolor de pies, lo que más apetece después de una fiesta, incluso aunque sean los Oscar de Hollywood, es comer algo. O comer mucho, quizá. No pasa nada, quien quiera, podrá. Un par de plantas más arriba del teatro Dolby, la azotea del mismo acogerá el llamado Baile del Gobernador, la fiesta anual posterior a los Oscar. Y allí habrá comida para aburrir. Después de 32 años al frente, el chef Wolfgang Puck servirá sus platos más clásicos, pero también unas cuantas innovaciones, bebidas como champán, tequila y sake y sus ya célebres Oscar de chocolate bañados de oro. Un festín que degustarán los más de 2.000 invitados a la gala mientras, en el mismo salón, los ganadores van grabando su nombre en la placa de sus flamantes estatuillas.
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