En Sevilla y en otros tantos lugares, como Barcelona o Málaga, el malestar lleva un tiempo haciéndose evidente. La fuente insaciable de dinero para las bellas ciudades españolas que durante años fue el turista ha acabado inundándolo todo. Con la ayuda de Google Maps, Instagram y TikTok, el turista ya no necesita guías: conoce los bares a los que iban los vecinos de cualquier barrio, los trucos para entrar gratis en los sitios y las estrategias que, hasta hace no mucho, permitían sobrevivir en una ciudad que lleva muchos años pensándose para viajeros que gastan más y más rápido. Los términos de toda esta crisis son extensos, así como sus múltiples manifestaciones, y se analizan diariamente en este y otros tantos periódicos. Casi pareciera que el apartado de quejas está saturado y congeladas todas sus soluciones.
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