A mediados de febrero, la marca de snacks y frutos secos Grefusa colgó en sus redes sociales un vídeo publicitario creado con inteligencia artificial, acompañado del siguiente texto: “La IA puede resolver la ecuación más compleja del mundo, pero no es capaz de comerse una pipa”. Dejando a un lado el debate de si es más o menos cuestionable utilizar esta herramienta en trabajos creativos —aunque, en este caso, se trate de una burla sobre la propia IA—, desde el punto de vista gastronómico, este anuncio pone sobre la mesa un asunto que tiene su miga: ¿por qué la inteligencia artificial tiene problemas para generar imágenes de ciertos alimentos y gestos relacionados con el acto de comer? Y más concretamente, ¿por qué no sabe comer pipas?
Seguir leyendo