Hace unos meses, Andrea, de 35 años, caminaba por una tienda de ropa cuando vio una chaqueta que le gustaba. Era de buena calidad, era de su talla y encajaba con su estilo, pero antes de tocarla pensó: “¿Realmente la necesito?”. Probablemente sí que la necesitaba. No obstante, la dejó, respiró hondo y se fue. Esta sencilla escena refleja un fenómeno que muchas personas como ella viven cada día: una especie de ansiedad crónica respecto al dinero, de sensación de vacío frente a los gastos, incluso aunque su situación financiera no sea precaria. Andrea se refiere a lo que le pasa como “mentalidad de pobre”, a pesar de que el nombre no le encanta. Hay quien habla de cicatriz de la escasez o simplemente de inseguridad económica. En definitiva, se trata de nunca conseguir sentirse seguro respecto a la propia economía.
Seguir leyendo