La crisis energética provocada por la guerra en Oriente Próximo está obligando a los gobiernos a buscar soluciones que eviten un colapso del mercado internacional del petróleo. Estados Unidos ha decidido levantar temporalmente el veto a la compra de petróleo ruso bloqueado por sanciones, pese al rechazo de Europa. Esta acción se suma al acuerdo alcanzado entre las grandes economías, bajo la coordinación de la Agencia Internacional de la Energía, para liberar en conjunto 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de los países. El objetivo de todas ellas, amortiguar la pérdida del flujo de crudo que ha perdido el mundo por el bloqueo del Estrecho de Ormuz —unos 20 millones de barriles cada día— y contener los precios del oro líquido. Pero esta decisión plantea varias preguntas clave sobre su alcance, impacto y riesgos.
Seguir leyendo