Como deporte en creación que es, el trail gesta recorridos que aúnan el dolor de piernas y la logística, pero lo que caracteriza a un momento es que su trazado tenga sentido en sí mismo. Acantilados del Norte, con sus cerca de 29 kilómetros y más de 2.000 metros de desnivel positivo —un parámetro imposible de medir con fiabilidad en la nublosa cobertura junto al mar— no solo es una de las carreras más duras del mundo, sino una reivindicación histórica de la zona más pobre de La Palma, un sendero que sirvió para vincular a los pueblos que lo formaban: las rutas de los pescadores hacia el mar y para comerciar entre vecinos. Así que no hubo que inventar nada, simplemente poner en un GPS esa arteria despoblada, la de los habitantes que huyeron a localidades más grandes en busca de un colegio o un centro médico. Entre el orgullo y la dificultad única de tanto sube y baja en terreno tramposo, este sábado la isla albergó un Mundial, con una participación con poco que envidiar al del pasado mes de septiembre en Canfranc. La cita, consolidada en el máximo nivel de las Merrell Skyrunning World Series, brindó la victoria de Manu Merillas y Sara Alonso, platas mundialistas.
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