Como un juguete caro que solo se puede mirar y que alguien, llámese progenitores, industria, miedo al contacto o terror al deterioro, impide sacarlo de una vitrina en la que su vida transcurre sin manoseo. Es un objeto sin desgaste, pertenencia que al final casi se idolatra. A eso pudo recordar Bad Gyal en el primero de sus tres conciertos en Barcelona, abriendo la gira de presentación de su segundo disco, Más cara, que, más que indicar desvergüenza o descaro, parece sugerir mayor cotización y un estatus más elevado en el mercado del espectáculo. Cerca de dos horas para repasar en cuatro bloques su último disco casi al completo, así como las canciones que cimentaron su fama y la han llevado hasta el expositor del Palau Sant Jordi en uno de sus momentos de máxima popularidad. Y arrasó siendo ella misma, ese envidiado juguete caro que está allí arriba, en una vitrina inaccesible.
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