Cuando el consejero delegado de Netflix, Ted Sarandos, acudió al Senado de EE UU en febrero para defender su propuesta de fusión con Warner, una de las justificaciones recurrentes con las que quiso rechazar la acusación de ser un monopolio fue repetir que Youtube era el verdadero rival a batir: “Ya no son vídeos de gatitos. Es televisión”, explicó al comité político. Trataba de argumentar así que ningún estudio de Hollywood se acercaba al poder de esa empresa, subsidiaria de Google, pese a que, en esta guerra del streaming a dos bandas, muchas veces la dejaran fuera. La compra al final no salió adelante por la inflada propuesta de Paramount a Warner, pero ahí quedó clara cuál es la lucha real entre los titanes de la nueva televisión: Netflix contra Youtube. Y, curiosamente, ambas se parecen cada vez más entre ellas.
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