Dicen que, cuando su hijo le pidió consejo sobre cómo consolidar el poder, Tarquinio el Soberbio cortó las cabezas de las amapolas más altas de su jardín. Así hay que proceder, según el último rey de Roma, con los individuos más destacados y talentosos del reino. Los descendientes del Capitán Cook lo llamaron el síndrome de la amapola alta (tall poppy syndrome), el impulso que tienen algunos de cortar toda cabeza que sobresale del resto, alterando la armonía del grupo al destacar sobre los demás. Esta cura de modestia por la vía jacobina se suele aplicar de manera local; por eso los grandes artistas suelen ser valorados fuera y salvajemente atacados en su país de origen. Y escala en progresión geométrica cuando el objeto destacado es una mujer. Especialmente en este ecosistema mediático diseñado para la viralidad, el agravio comparativo y alterado por la rumorología, imágenes sintéticas y desinformación. Los algoritmos digitales son la bisagra que conecta a la masa envidiosa con la industria de buscavidas capaces de transformar nuestros demonios internos en un rico botín.
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