La primera serie australiana que recuerdo es Retorno a Edén; en ella, un vividor lanzaba a los cocodrilos a su mujer rica y poco agraciada para heredar. No moría, pero pensaban que sí, y además, cirugía mediante, acababa siendo modelo y recuperando lo suyo. Bastaba un poco de maquillaje y un moldeador para que nadie la reconociese. Pasa lo contrario con los que a base de retoques dejan de parecerse a sí mismos y se parecen a todos los demás. Qué pensarán los hijos, incapaces de reconocerse en los rasgos de sus progenitores. Como las Kardashian, que han borrado sus rasgos armenios. Mi madre me decía que me había comprado en la calle (qué humor macabro tienen a veces los progenitores), pero como éramos fotocopias, nunca le di credibilidad. Los de las Kardashian tienen tan poco parecido con el aspecto actual de sus madres que podrían creer que se los trajo un dron de Amazon.
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