Durante un mes, nueve hombres y mujeres han escuchado los argumentos para condenar a dos miembros de la banda juvenil Dominican Don’t Play por un asesinato. En este juicio no eran tan importantes las pruebas de ADN, las huellas o las imágenes de videovigilancia, porque no se valoraba quién disparó la pistola y empuñó el machete que mataron a Sailen Huraldo Mesa, sino quién dio la orden de hacerlo. El jurado debía dirimir si la responsabilidad de ese crimen cometido por menores recae sobre el acusado como jefe de la banda Joaquín D. y otro de los dirigentes, Kevin H. Y, casi 200 testigos después, esos nueve hombres y mujeres han dictaminado que por unanimidad que sí, que Joaquín D. ordenó una emboscada mortal esa noche de octubre de 2022 y que Kevin H. fue su cómplice en esta tarea.
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