Noelia Castillo ha optado por la eutanasia en un mundo que, como ella misma dijo, “va cada vez a peor”. He leído decenas de comentarios juzgando la legislación, la educación o la conciencia. O sobre haber tenido una vida difícil. He visto mensajes como “pobres padres”. Pobres nosotros, que elegimos mirar desde fuera para no incomodarnos demasiado. Como si fuera más fácil pensar en quienes se quedan que en quien ya no puede más. Pobres nosotros, que nos consolamos con los vivos, mientras nadie se pregunta si la vida que estaba viviendo era digna. Solo vemos el final, olvidando lo que lo precede. Lo convertimos en un debate, cuando solo asoma el reflejo del verdadero problema que estamos evitando mirar.
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