Joan Laporta volverá a dirigir el Barcelona a partir del próximo 1 de julio. Será su cuarto mandato al frente de la entidad azulgrana y buscará coronarse como el primer presidente electo que complete todos sus mandatos, algo que no pudieron conseguir Josep Lluís Núñez, Joan Gaspart, Sandro Rosell ni Josep Maria Bartomeu. En su despacho de la avenida Diagonal en Barcelona recibe a EL PAÍS, tan seguro de lo conseguido como desconfiado de quienes le describen como intuitivo: “También soy trabajador y reflexivo. Preparo las cosas y planifico”, pondera. Y responde a quienes lo acusan de rodearse de sus amigos. “Cuando llegamos al club estaba desorganizado y con pérdidas. Era el momento de ser una piña para salvar al club. Pocas personas hubiesen avalado 125 millones para salvar al Barça”, subraya con más firmeza que enfado. Se muestra relajado y cercano, bromista y desacomplejado. Pletórico. No parece para menos: el pasado 15 de marzo ganó las elecciones con el 68,8% de los votos.
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