Faltan 73 días para que comience la Copa del Mundo más incierta y la última ventana FIFA de amistosos de preparación y partidos para decidir la repesca no hace más que aumentar la sensación de suspense. Desde el Mundial de Argentina 78, organizado por una junta militar que practicaba el secuestro y la tortura sistemáticos, no se disputaba un torneo tan cargado de incógnitas políticas. Estados Unidos, México y Canadá se internan en territorio inexplorado. Especialmente Estados Unidos, sede de 78 de los 104 partidos que conducen a la final de Nueva Jersey. Es la primera vez en la historia que el gobierno del país anfitrión practica redadas para capturar y repatriar extranjeros, en su mayoría pertenecientes a naciones que participarán en la competición. Tampoco hay precedentes de un organizador que al mismo tiempo amenace con invadir el territorio de uno de los países clasificados o conduzca una guerra de repercusiones globales contra otro. Si la federación de fútbol danesa no se ha dado por enterada de que Groenlandia está en la mira del Pentágono, todo son incógnitas para la selección de Irán, que no ha renunciado de manera oficial —sí oficiosa: el ministro de Deportes iraní, Ahman Donyamali, aseguró hace unas semanas que la selección no participará en el torneo— a presentarse en California el 16 de junio. Este viernes en Antalaya los iraníes jugaron y perdieron (1-2) el partido de preparación que les enfrentó a Nigeria.
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