La conferencia de prensa de las dos máximas autoridades católicas en Tierra Santa —el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, y el custodio, Francesco Ielpo— llevaba días convocada, para hablar de la Pascua, pero ha acabado inevitablemente girando este martes en torno al incidente, con repercusión internacional, que ambos protagonizaron dos días antes. El Domingo de Ramos, la policía israelí les impidió llegar al Santo Sepulcro, donde la tradición cristiana sitúa la muerte y resurrección de Jesús, para oficiar una misa con la decena de monjes que viven allí permanentemente. Pizzaballa ha querido quitar hierro al incidente: asegura que hubo “malentendidos” y que los agentes actuaron sin “mala intención”. Además, se ha mostrado conforme con la solución acordada, que consiste en permitir pequeñas liturgias y oraciones retransmitidas en directo. “No vamos a exacerbar la situación”, ha resumido y ha insistido en “mirar hacia adelante”.
Seguir leyendo