Cuando contemplo el paisaje de mi vida hasta ahora, mi mirada recorre regiones de lo más diversas. Junto a bosques con abundantes claros se extienden pantanos profundos, suaves colinas que se alzan sobre extensos prados y laderas pedregosas que se alternan con caminos pavimentados. Desde la meseta de la mediana edad es más fácil reconocer por dónde discurren las áreas fronterizas y qué paisajes están delimitados por nítidos contornos; dónde se rompió abruptamente una amistad y dónde se bifurcó un camino… Vistos desde lejos, los periodos que vivimos en su momento como hondos abismos se asemejan hoy más bien a pequeños desfiladeros, y, a vista de pájaro, aquellos tiempos complicados que parecían no tener fin son ahora una breve ruta a través de unos matorrales que, un poco más adelante, desembocará en un precioso paisaje.
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