Escribo con la impotencia de quien, tras vivir en el barrio sevillano de Triana más de un tercio de su vida, se siente ahora expulsada de su raíz. Llevo 10 años como profesora interina y, a mis 45 años, la especulación me arranca de mis calles. Mi casero sube el alquiler más de 200 euros porque “pierde dinero” frente a lo que pagarían parejas o extranjeros. Para una mujer soltera de familia obrera, sin avales ni herencias, el alquiler es una soga y la compra una utopía. Duele el abandono institucional: el Bono Cultural Joven me ignora por mi edad y las ayudas olvidan a los inquilinos maduros. Somos invisibles: demasiado mayores para recibir apoyo y demasiado precarios para acceder a una vivienda digna, ese derecho que el Artículo 47 de la Constitución parece haber olvidado para nosotros. En pleno año de oposiciones, pierdo mi autonomía y vuelvo a casa de mi madre, quien debe alquilar habitaciones para subsistir. Señores políticos, es urgente regular los precios. Si no frenan esta locura, tendrán barrios de postal, pero vacíos de sevillanos. Triana se convierte en un escaparate de lujo donde quienes le damos vida ya no tenemos sitio.
Seguir leyendo