Las ilusiones y esperanzas de los mejores ciclistas españoles para clásicas, Samuel Sánchez, Alejandro Valverde, Óscar Freire…, chocaron siempre con el Cauberg, una colinita y un falso llano hacia Valkenburgo, en el Limburgo holandés. Valverde, rey de Lieja, nunca pudo con la subida que decide siempre la Amstel, y cuando pasó por allí el Tour, se cayó a los pies de Eddy Merckx y se rompió la clavícula; Freire, ganador de tres Mundiales, se difuminó allí en 1998 y 2012, cuando se celebraron Mundiales tan cerca de Maastricht, la cuna de Europa. Es el jardín de Jan Raas, uno de los grandes de la historia neerlandesa. Era la colina maldita para el ciclismo español, que nunca pudo con la Amstel Gold Race, la clásica que abre la semana de las Ardenas, hasta que desde Esplugues de Llobregat llega este domingo al mediodía una jovencita llamada Paula Blasi, que casi sin darse cuenta, agarra ligera el manillar de mariposa en la Colnago Y que populariza Tadej Pogacar con sus fugas, levanta el culo ágil y vuela sobre el Cauberg. Detrás, el pelotón se queda mirando a la campeona de Europa y tercera del mundo sub-23, que de golpe se ha hecho mayor de edad en su debut en las carreras más grandes del calendario. Nunca la capturarán.
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