Desde las terrazas del castillo de la Atalaya de Villena (Alicante, 34.700 habitantes) se pueden contemplar cuatro provincias distintas pertenecientes a tres comunidades autónomas diferentes. Alicante, Valencia, Murcia y Albacete están al alcance de la vista, sin necesidad de prismáticos. Lo que no se divisa, sin embargo, es el Mediterráneo, que frena en la orilla a unos 60 kilómetros de distancia. Situado en el noroeste de la provincia, en la salida hacia Madrid, la lejanía de la costa aparta a este municipio de los circuitos turísticos más característicos de la Costa Blanca. Sin embargo, se ha convertido en un destino muy solicitado por los cruceristas procedentes de Estados Unidos. Los motivos principales son dos: la abundancia de bodegas bien nutridas de un programa enológico y el propio castillo, una fortaleza medieval construida por los árabes en el siglo XII. Para el resto de visitantes, españoles y europeos en su mayoría, hay una razón más: el hierro extraterrestre con que se forjaron dos piezas del Tesoro de Villena, un extraordinario conjunto de orfebrería en oro, plata y ámbar de la Edad del Bronce.
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