Paula Blasi se hace la inocente, ay qué inconsciencia la suya que no sabe dónde se mete, y gana el domingo la Amstel Gold Race. Los cronistas de medio mundo se balancean en sus análisis. Unos cuantos reconocen que la ciclista catalana es una crack, pero la mayoría culpa a la segunda y a la tercera, las grandes veteranas Demi Vollering y Kasia Niewiadoma, por no tomarse en serio el ataque de Blasi en la penúltima ascensión al Cauberg, a 22 kilómetros de la meta. Pero para mantener la fuga con fuerza, sin agotarse, ante tamaña persecución, hace falta algo más que inconsciencia, suerte o desidia de las rivales, y tres días después de sorprender al mundo alrededor de Maastricht en la campiña holandesa, Paula Blasi, que ya no es una sorpresa, lo demuestra en la vecina Bélgica en el tremendo muro de Huy, uno de los lugares sagrados del ciclismo mundial, donde solo dos ciclistas la superan, la gran Demi Vollering, que se toma la revancha del domingo, y la ganadora del año pasado, la neerlandesa joven Puck Pieterse, que la adelanta en los interminables 100 metros finales con un punch refinado año tras año en las pruebas de ciclocross.
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