Los límites entre la pedofilia (atracción sexual recurrente hacia niños o adolescentes) y la pederastia (el acto cometido por un adulto sobre un menor) son claros, pero en ocasiones esa frontera se rompe y los efectos son devastadores. La psicóloga Laia Calabuig trabaja a diario para evitarlo. Atiende mensajes y llamadas de personas que en algún momento se han sentido atraídas por menores de edad desde PrevenSI, una asociación con sede en Barcelona que ofrece un servicio de prevención del abuso sexual infantil centrado en individuos que sufren esa fascinación. “Tengo miedo de ser un pedófilo”, dicen quienes piden ayuda, conscientes de que algo falla. El año pasado llegaron a la organización, desde España y de países latinoamericanos (el país con más visitas a la web es México), 885 consultas.
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