Pocos minutos antes de la cinco de la tarde de este miércoles, la puerta de una sala en el tanatorio de La Paz en Alcobendas, a las afueras de Madrid, se cerró en un sencillo y último adiós a Soledad Gallego-Díaz. El aplauso de la concurrencia, nutrida de varias generaciones de compañeros de oficio de la periodista que se convirtió en la primera mujer en dirigir EL PAÍS y ha fallecido en la noche de este martes a los 75 años, puso el punto y final a la jornada. Fue un aplauso cálido, sin demorarse en exceso, que recibieron los familiares y amigos de Gallego-Díaz, junto a los que estaba su íntimo compañero de oficio, el también exdirector de este periódico Joaquín Estefanía. Él aguantó el tipo todo el día mientras recibía el abrazo de varias generaciones de periodistas que vinieron a despedir a quien “ha sido nuestro referente”.
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