Llevo desde ayer con una cancioncilla martilleándome el pensamiento. Y todo por culpa de un señor del que no sé casi nada: Florentino Pérez. El presidente pidió “que pregunte esa niña, que los demás sois muy feos”, y yo viajé hasta la calle en la que saltaba a la comba de pequeña y ya no he podido dejar de cantar: “Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero”. Ya entonces me parecía una letra inquietante, tal vez porque mi madre venía alertándome sobre el peligro de aceptar caramelos o dinero de desconocidos, más cuando el ofrecimiento es por ser “bonita”. Vamos, que yo veo ahí un pedófilo de manual. Aunque también podría tratarse de un simple paternalista. Menos mal que la afectada le responde al barquero con todas las letras diciéndole que se meta por donde le quepa su viaje gratis (“yo no soy bonita, ni lo quiero ser, yo pago dinero, como una mujer”).
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