La ilusión de miles de migrantes que han ido recibiendo la admisión a trámite de su solicitud de regularización pasa ahora por unos momentos de inquietud, porque no acaban de recibir el número de la Seguridad Social que posibilita la firma de un contrato formal de trabajo. Son miles los expedientes en suspenso que acumulan ya los abogados sin haber recibido más comunicaciones. Cada mañana, Katerine, Adonái o Joel tienen como primera tarea mirar el buzón. ”Y nada”, ríe al teléfono la cubana Katerine Aguilar, que espera el número que le permitirá colocarse en una pizzería de su pueblo en Barcelona, Vilanova i la Geltrú. Mientras, siguen desempeñándose en lo que pueden, la limpieza, la construcción: “Nos vamos defendiendo con lo que va apareciendo”, dice optimista.
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