Dani Guzmán no tiene WhatsApp pero, a cambio, dispara SMS a discreción para cuadrar el día y la hora de esta entrevista en su endiablada agenda. En los últimos días ha estado en Rusia, donde ha recogido el premio del Jurado del Festival de Cine por su película La deuda; en México, donde la ha defendido en el Festival Platino; y en Londres, de donde viene, casi directo, en su moto, el día que nos vemos en la Redacción de EL PAÍS. Quizá por eso, porque lo tiene más a mano, muestra el pasaporte cuando la vigilante de seguridad le requiere el DNI, sin que el requerido pueda evitar un leve gesto de fastidio. Luego, sin embargo, se entrega a fondo en la charla, y deja pelos, señales e incluso alguna lágrima en las respuestas. El disimulo no parece una de las virtudes que lo adornan.
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ÚNICO EN SU CLASE
Daniel Guzmán (Madrid, 52 años) es hijo único. Pelado con la autoridad, empezando por la paterna, desde niño, comenzó a expresar su rebeldía y su creatividad estampando su firma, Tifón, en grafitis en paredes y muros de Madrid desde adolescente. Lanzado a la fama masiva con su papel de actor en la mítica serie Aquí no hay quien viva, su carrera dio un giro al como director en la película A cambio de nada, por la que ganó el Goya a mejor director novel. Diez años, dos películas y otro Goya después, Guzmán diversifica su carrera presentando el programa ‘100% únicos’, en Cuatro, y cantando versiones de La Polla Récords con su propio grupo, Presbicia. El próximo 23 de mayo, día en que se conmemora el 50º aniversario de la creación de la República Árabe Saharaui, tocarán en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid, “contra el olvido y, en cierta manera, la traición de los distintos Gobiernos de España a la causa saharaui”, explica. No se calla ni debajo del agua.