Cuánto de lo que ha sucedido, o va a suceder, en las elecciones andaluzas, extremeñas, aragonesas o de Castilla y León tiene que ver con las condiciones materiales de sus ciudadanos, y cuánto con cuestiones de identidad. Es plausible que lo mismo se ande preguntando Keir Starmer, el hasta ahora líder del laborismo británico, que ha descendido a velocidad de vértigo desde la mayoría absoluta a los abismos electorales en las elecciones municipales y autonómicas del Reino Unido. Salarios bajos, contratos a tiempo parcial no por voluntad propia o fijos discontinuos, un coste de la vida cada vez más elevado, la precariedad laboral (los trabajadores pobres), la búsqueda de ingresos extra para ahorrar, afrontar gastos imprevistos o pagar la vivienda (en propiedad o alquiler). Por qué un país es capaz de soportar un paro del 20% de su población activa o un desempleo juvenil del 50%, como se repitió en otras épocas, y no aguanta tasas de inflación de dos dígitos, ni siquiera de un 4%, 5%, 6%, etcétera.
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