Hay asesinatos más complejos y menos complejos. El del pasado lunes, en El Ejido, es de los primeros. Y a diferencia de lo que se apuntó de inicio ―petaqueo, rivalidad entre clanes―, la investigación de los tres últimos días ha abierto la posibilidad de que ese tiroteo en el que un hombre de 25 años asesinó a su padrastro, a su madre, hirió de gravedad a su bebé de siete meses y a otras tres personas ―entre ellas otro bebé de 21 meses―, tuviese un origen machista. El hombre llevaba al menos varios días encerrado en la idea, errónea, de que su pareja, con la que acababa de ser padre, mantenía una relación con otra persona. Los celos, esa razón que se ha dado de forma histórica en los feminicidios y que son en realidad una percepción machista por entender a la otra persona como algo que poseer. Pero hay, además, otra cuestión que la investigación está teniendo en cuenta en este caso y que no es habitual en los crímenes por violencia de género: el diagnóstico de esquizofrenia del detenido.
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