La tarde del 21 de mayo de 1936, Sada Abe, mujer de 31 años dedicada a la prostitución en Tokio, fue detenida por la policía en una habitación de hotel del barrio de Shinagawa. Llevaba tres días paseándose por la ciudad con los genitales de su amante, Kichizō Ishida, guardados en el bolso. La madrugada del día 18, llevando demasiado lejos una de sus prácticas eróticas habituales, ella lo había estrangulado hasta la muerte. Después había realizado actos necrófilos con el cadáver. Y por fin, en un estado cercano al trance, le había cortado el pene y los testículos con un chuchillo de cocina, los había envuelto en una revista vieja y se los había llevado. Cuando la policía abrió su cartera, comprobó que los genitales, atados con un cordel, llevaban la inscripción “marido y mujer”.
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