El vínculo entre el crecimiento y el bienestar se ha quebrado. Posiblemente ello explica, en buena parte, lo que sucede en la política y en la vida pública ante las que muchos ciudadanos manifiestan desconcierto, desencanto y sospecha. La semana pasada coincidían dos noticias de carácter contradictorio. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), ese club de cooperación entre los países más ricos y algunos países emergentes, actualizaba sus previsiones: España es el país de su entorno que más crece; casi triplica los porcentajes de la zona euro y cuadriplica los de Italia. Datos que hubieran conducido a la euforia en otros momentos y que sin embargo pasaron relativamente inadvertidos. Al tiempo, el último sondeo electoral publicado en este periódico ampliaba la holgura de la horquilla entre las derechas y el bloque gobernante, que es el que administra esas buenas cifras económicas.
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