De Peggy Guggenheim, la mítica coleccionista estadounidense, se cuenta que aparecía en público con un pendiente del pintor surrealista Yves Tanguy y otro del escultor abstracto Alexander Calder para demostrar su apoyo equitativo a ambas vanguardias. Patrizia Sandretto Re Rebaudengo (Turín, 67 años) conoce la anécdota. A menudo la han comparado con Guggenheim por su intensa labor de mecenazgo, y ella misma no rehúye el símil. “También tengo el coleccionismo en mi ADN, porque con 12 años ya acumulaba cajitas de pastillas”, recuerda. “En los ochenta descubrí las joyas, y en los noventa, visitando talleres de artistas en Londres, entré en contacto con el arte contemporáneo, que ahora es mi vida”. Si la sobrina de Solomon Guggenheim encargó joyas a medida a sus artistas, el caso de Patrizia es el inverso: de muy joven empezó a coleccionar piezas de bisutería norteamericana posteriores a la Gran Depresión de 1929, y de ahí saltó al arte contemporáneo.
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