Para muchos, el mar es sinónimo de esas vacaciones que ya están a la vuelta de la esquina. Pero también es un inmenso océano de trabajo, riqueza e investigación que da empleo a millones de personas en todo el mundo. Desde la navegación y la construcción naval hasta la biología marina, la pesca o las nuevas energías renovables, la denominada economía azul ofrece un amplio abanico de profesiones y estudios con un futuro muy prometedor. Como la Ingeniería Naval y Oceánica, una titulación clave para el diseño, construcción y transformación tecnológica de buques y estructuras marinas en un sector en expansión y con creciente demanda de profesionales cualificados.
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Cada vez más mujeres a bordo
Uno de los desafíos de estas profesiones ligadas al mar es la baja presencia femenina en un sector tradicionalmente masculino. Pero los datos indican cierto cambio de rumbo. “Tras décadas en torno al 27%-30% del estudiantado, el último curso [la presencia femenina] ha alcanzado el 35%, superando por primera vez el techo del 30%”, señala Antonio Crucelaegui, director de la Escuela de Ingeniería Naval de la Politécnica de Madrid. Hay más ingenieras, pero también más interesadas en ser capitanas de barco porque, señala Manuel Romero, director de la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas de la UDC, “en el grado de Náutica y Transporte Marítimo las mujeres representan ya cerca del 40% de los nuevos estudiantes”. Pero sigue habiendo retos: “En Máquinas Navales, sin embargo, el porcentaje se mantiene más próximo al de otras ingenierías, con alrededor de un 10% de alumnas. Para reforzar las vocaciones femeninas estamos desarrollando actividades de divulgación y captación dirigidas a estudiantes de secundaria y bachillerato”, concluye Romero.
En ocasiones hay interés, pero se necesitan cambios. El secretario general de Cepesca, Javier Garat, considera que “hay que adaptar instalaciones y barcos, porque aunque sigue siendo una actividad tradicionalmente masculinizada, cada vez son más las mujeres que trabajan como marineras, oficiales, patronas, observadoras científicas o inspectoras a bordo”.
Másteres a medida
El sector se está transformando tanto que hay un vacío de estudios sobre asuntos muy concretos, como derecho marítimo, eficiencia energética o inteligencia artificial. El Instituto Marítimo Español (IME), centro especializado que lleva 40 años ofreciendo formación de posgrado al sector marítimo, “nació para cubrir esa carencia”, según su directora, Mercedes Pardo. “Lo que hacemos es formación muy orientada a lo que las empresas demandan”, resume.
El IME concentra su actividad en másteres y cursos dirigidos a profesionales en activo y titulados universitarios que buscan especializarse o reorientar su carrera hacia el ámbito marítimo. Uno de sus programas más consolidados es el máster en Negocio y Derecho Marítimo, desarrollado junto a la Universidad Pontificia Comillas, con perfiles muy diversos, desde ingenieros navales hasta juristas o titulados en ADE. Se trata de un programa de carácter reducido —unas 25 plazas por edición— pero muy asentado, al que buena parte del alumnado llega por recomendación directa.
Esa conexión con la industria es también la base de nuevos programas, como el máster en Reparación de Buques y Unidades Offshore, “que impulsamos tras la demanda de un astillero en Canarias ante la falta de perfiles especializados”, recuerda Pardo. El programa se desarrolló junto a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y posteriormente se trasladó a Madrid, en colaboración con Bureau Veritas, para facilitar su reconocimiento internacional.
No es el único curso novedoso. Pardo asegura: “Las navieras están viviendo una transformación muy profunda por la regulación ambiental, con un gran impacto de las nuevas exigencias en materia de emisiones y sostenibilidad. Tenemos programas sobre la reducción de emisiones, el comercio de derechos o combustibles alternativos. También se están transformando digitalmente y por eso tenemos una línea de formación en automatización portuaria, buques autónomos, inteligencia artificial aplicada a la logística y digitalización de procesos”. El objetivo, indica la directora del IME, es “adaptar al sector a los cambios tecnológicos que ya están en marcha”.
“Formamos cada año en torno a 500 alumnos, con un peso creciente del alumnado internacional, que representa entre el 35% y el 40%. La mayoría procede de Latinoamérica, especialmente de países como Panamá, Ecuador o Chile, aunque también hay presencia de estudiantes de otras regiones”, desgrana Pardo. “En algunos casos, colaboramos incluso en la formación de profesores de universidades marítimas extranjeras, como la de Panamá”.
El rango de precios de los programas es amplio: desde cursos de unas horas (en torno a 300 euros) hasta másteres que alcanzan los 19.000 euros. Muchos cuentan además con bonificaciones a través de Fundae o ayudas específicas del sector.
La directora del IME capitanea también un proyecto denominado Educación Azul, una asociación sin ánimo de lucro orientada a la promoción del mar, de sus recursos, sus valores, su potencial y empleabilidad a través de la educación. Lo hacen mediante proyectos en colegios, presencia en iniciativas como Aula, elaborando guías informativas y con el lanzamiento de la aplicación BluePath, que ayuda a los estudiantes a explorar distintos perfiles profesionales, conocer qué estudios conducen a ellos y descubrir itinerarios formativos relacionados con el mar.