¿A qué huelen las nubes?, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?, ¿a qué sabe un tomate con sabor a tomate? Para los dos primeros enigmas, el ser humano aún no ha encontrado una explicación que haya convencido al grueso de la civilización. Pero para la tercera pregunta, Julio Rael Perpiña (44 años, Valencia), un bombero que en sus ratos libres cultiva 19 variedades de tomate, lo tiene claro: “Sabe a emoción. Los sabores y los olores nos evocan eso. Nos llevan a una memoria que creíamos olvidada, y nuestros abuelos comían tomates madurados al sol, en la planta. Así que nos lleva ahí”. Lo sabe alguien que cultiva desde su huerto de la Ribera de Cabanes (Castellón), algunos de los tomates que se sirven en muchos de los mejores restaurantes de este país (Enigma, Mugaritz o El Invernadero, entre otros). Pero sobre todo, alguien que los come a diario, que les habla, que los observa, que investiga con ellos y que los respeta.
Seguir leyendo