A las ocho de la mañana de un 19 de febrero de 1960, el alemán Horst Kubiak agarra el volante de su Mercedes Benz camino de París, aunque su destino final es España. El empresario tiene prisa, necesita mano de obra para la Johann Wülfing & Sohn, una fábrica textil con tres siglos de antigüedad en Lennep de la que es jefe de personal. Kubiak había sido soldado en la II Guerra Mundial y cayó prisionero en un campo soviético donde conoció a un oficial compatriota de una influyente familia germana que hizo su fortuna con la tejeduría. 15 años después de quitarse el uniforme militar, su Mercedes Benz llegará a Béjar (Salamanca), desde donde partirá de regreso a su tierra guiando a un autobús con 43 mujeres, todas solteras menos tres, que parte del pueblo el 19 de marzo de 1960. Fue el primer contingente femenino de emigrantes que salió de España, con los papeles en regla, para trabajar un año en la fábrica textil de Lennep, con la promesa de un viaje de ida y vuelta pagado, modernas instalaciones para vivir, un buen sueldo, agua caliente, calefacción, dignidad. Así fue.
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