José Luis Rodríguez Zapatero habló por sus cuerdas vocales en la televisión pública, pero también con el cuerpo. Se marcó algo parecido a una clase de pilates mientras Javier Ruiz disparaba las preguntas en una comparecencia que casi nadie esperaba y, sin embargo, a todo el mundo le urgía. Los hombros arriba, junto a las orejas. Los codos flexionados, arriba y abajo, sin acabar de tocar la mesa, que ya se sabe que hace ruido y benditos sean los técnicos de sonido. Las palmas estiradas, la alianza matrimonial a la izquierda, como el reloj. A veces esas manos las colocó como si fuera a bendecir el plató de Mañaneros 360, otras veces mantuvo las escápulas encajadas en la espalda. El rostro serio, porque este 23 de julio no está la cosa para bromear, después de tantos días de silencio y de lo que se ha escrito. “No”. “Jamás”. “En absoluto”. “Eso es así”. “Va a quedar así”. “Todo va a quedar acreditado”. Inspiró y espiró sin llegar a la apnea en un pulso en el que, y no es poco, ganó el periodismo.
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