Nadie ha pegado ojo en Cebreros. Este pueblo abulense acogió a más de 500 personas que tuvieron que abandonar sus casas por el avance del humo y las llamas provenientes de los tres incendios que amenazan la capital española y la provincia de Ávila. En las calles, las pavesas vuelan mientras una nube gris cubre el cielo. Un pabellón deportivo, repleto de camas plegables, se ha convertido en un refugio improvisado. Son casi las tres de la tarde y unas veinte personas aguardan noticias que les permitan volver a sus pueblos o, al menos, averiguar qué va a pasar en las próximas horas. Afuera, los arboles se mueven impulsados por el viento que no para de soplar con fuerza. “La noche ha sido dramática”, cuenta Marina Robledo, voluntaria de Protección Civil y vecina del pueblo. Tiene 20 años y pasó la madrugada acompañando a la gente que llegaba al polideportivo, entre ellos a los ancianos de una residencia del pueblo vecino que, según recuerda, “llegaban en bata y descalzos”.
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