Mujer, soltera, 39 años, formación superior y contrato indefinido. Sin hijos, no por elección, sino porque el sistema jamás me dio la estabilidad para planteármelo. Sin vivienda en propiedad, porque sin capacidad de ahorro, la entrada de un piso es una quimera; y cada actualización de mi alquiler supone el riesgo de quedarme sin techo. Hoy el Gobierno anuncia nuevas ayudas para jóvenes y se vuelven a olvidar de nuestra generación. Somos los que encajamos la crisis de 2008 recién graduados, los que encadenamos años de precariedad laboral y el relevo de los baby boomers. Quedamos sistemáticamente fuera de unas políticas sociales que no solucionan nada: solo ponen parches a problemas estructurales que terminarán por dejarnos a todos en la calle. La próxima campaña de la renta será la última en la que pueda deducirme parte del alquiler por edad. Después, para la Administración, me volveré invisible. Es hora dejar atrás las medidas cosméticas y de blindar de una vez por todas el derecho de todos a una vivienda digna y accesible.
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