La metáfora es una herramienta imprescindible para explorar lo desconocido. Tras los triunfos de las revoluciones científica e industrial, la metáfora del cuerpo como una máquina iluminó el misterio de los organismos vivos e hizo analizables los mecanismos que posibilitan la vida o que explican la enfermedad. El análisis aislado de los procesos vitales, como si fuesen circuitos y piezas de un artefacto, ha permitido entender cómo una hormona como la insulina regula el azúcar en la sangre o por qué la hipertensión es tan peligrosa para el sistema cardiovascular, salvando muchas vidas por el camino. Y la capacidad para reducir el cuerpo a elementos comprensibles ha hecho posibles descubrimientos que parecían imposibles cuando el cuerpo era un todo enigmático e inabarcable.
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