Ya sabíamos que, desde el éxito de El Padrino, los mafiosos imitaban al cine, inaugurando un bucle de correspondencias entre la realidad y la ficción en las que nadie se aclara, agravadas por Uno de los nuestros y su influencia más notable —con trasvase de actrices incluido—, Los Soprano. Coppola se basó en una novela de Mario Puzo, pero Scorsese tiró de recuerdos infantiles, y Los Soprano se acercaron tanto al modelo en sus apuntes del natural que ficharon a un antiguo mafioso, Tony Sirico (el inolvidable Paulie), empleado también como asesor. Por lo visto, los gánsteres seguían la serie fascinados y sospechando que tenían un topo que les contaba cosas a los guionistas, tan grande era el parecido.
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