A finales de noviembre de 2024, una compañera le convenció para que se escapara del centro de acogida de menores migrantes de Firgas (Gran Canaria, 7.700 habitantes), donde ambas, adolescentes de origen subsahariano, estaban tuteladas desde que llegaron en patera a España. Una vez fuera, un hombre le facilitó un pasaporte falso en el que figuraba como mayor de edad y un billete de avión para volar a la península. Su destino final era París, donde la otra menor le aseguró que le conseguirían un trabajo y podría cumplir su mayor deseo: empezar a mandar dinero a su familia en África. Sin embargo, lo que la chica encontró finalmente al llegar a la capital francesa fue un piso del que no la dejaban salir y en el que fue explotada sexualmente. “Por la ventana podía ver la Torre Eiffel”, contó tres meses más tarde, en febrero de 2025, cuando pudo escapar y llegar en autobús a Bilbao, desde donde se puso en contacto por teléfono con una de las educadoras del centro del que huyó.
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