“Aprieta aquí, en el disparador. ¿Notas algo?”, pregunta con denodado esfuerzo el policía. Aunque la orden se cumpla compulsivamente, es difícil acertar la respuesta. Solo con la auténtica Glock en las manos, se descubrirá que la clave radica en la suavidad: el gatillo bueno se desliza al primer toque, mientras que el otro, el de la pistola fake, exige ser apretado, clavándose en la yema del dedo. “Se pueden quedar bloqueadas, agarrotadas, con el riesgo de que revienten”, explica el comisario Ramon Chacón, jefe de investigación de los Mossos, sobre la fabricación clandestina de copias de la famosa Glock. Una familia de traficantes tenía 38, listas para ser vendidas en España. Pero el riesgo no es solo que funcionen peor o que sean más burdas. “Si sigue la tendencia a fabricar más barato, con menos calidad, y en serie, puede ser que baje el precio y se inunde el mercado”, advierte el mando policial sobre las counterfeits, las pistolas falsas que amenazan con satisfacer la demanda del mercado ilegal de armas de fuego.
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Armas de fogueo modificadas
Los Mossos cuentan desde 2023 con un plan específico contra las armas de fuego. Están preocupados por el aumento de los tiroteos. Es lo que el comisario jefe de investigación, Ramon Chacón, describe como una “banalización” y una “socialización” de las armas de fuego entre la delincuencia común. El proceso lleva aparejado un cambio en las armas ilegales que se venden. Desde hace años, el mundo criminal vive sobre todo de armas de curso legal, como las de caza, que acaban en el mercado negro. “Hace 10 o 15 años no encontrábamos un Kalashnikov, era raro”, explica el alto mando policial. Ante una mayor demanda, se halló el resquicio más fácil: reactivar pistolas de coleccionista inicialmente inutilizadas. Y de ahí se dio el salto a modificar las armas de fogueo o detonadoras, que hasta 2017, cuando se endureció la norma, solo hacía falta ser mayor de edad para comprarlas. Para convertirlas en armas de fuego, bastaba con habilitar el cañón para un calibre real. “Pero es de baja calidad, enseguida reventará y dará problemas”, explica Chacón. Con una excepción, las que hallaron entre 2019 y 2022: el crimen organizado —no la delincuencia común— logró hacerse con un arma de fogueo modificada más sofisticada, procedente de Eslovaquia. “Eran unas armas detonadoras muy bien falsificadas. Las hicieron automáticas, y solo apretar el gatillo era como una metralleta”, recuerda Chacón. “Las usaban sicarios, personas vinculadas a las mafias del Este”, añade. “Pero llega un momento en que las dejan de producir. ¿Por qué? No lo sabemos”, admite sobre la información que les llega de Europol. Paralelamente, proliferaron las Grey Glocks, armas híbridas, con partes reales y partes falsas. En 2023, con nuevas trabas en la compra de carcasas, desaparecieron para dar lugar a las nuevas Glock low cost, completamente falsificadas.