Anda circulando por ahí un vídeo impagable de una pelea entre jovencísimos cayetanos a la salida de la muy selecta cantera de Nagüeles, el paraje donde cada verano se reúne la juventud acaudalada y fina de la Costa del Sol a hacer networking con copas premium. Es de madrugada y, pese a la oscuridad, se intuye que están todos más morenos que Julio Iglesias en los años ochenta. Llevan ropajes que permiten etiquetarles como pijos redomados, aunque en ningún caso una guayabera de lino blanco, un polo de piqué celeste, unos pantalones chinos caqui o unas alpargatas color pistacho garanticen que el portador de tales prendas goce de una cuenta corriente saneada. Los clichés son como un piso Airbnb en el centro de Madrid o Barcelona: terriblemente injustos pero cómodos y económicos. ¿A que solo con estas pinceladas ya se han hecho cargo del percal?
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