Con sus inevitables castillos medievales y a medio camino entre Frankfurt y Luxemburgo, Kaub es una pequeña localidad alemana a orillas del Rin. Ese gran río convierte a Kaub en uno de los nodos del comercio fluvial en Europa. En esa zona el Rin se hace más estrecho, menos profundo, y eso lo convierte en uno de los puntos neurálgicos del transporte por esa vía en Centroeuropa: es allí donde se mide la capacidad de carga de los buques. Ese río, como todos los grandes ríos de Europa, se ha quedado prácticamente seco en agosto. El tráfico marítimo se ha visto muy afectado; la siderurgia, el sector químico y otras industrias alemanas se han visto gravemente perjudicadas. Las empresas han tenido que fletar camiones, más caros por el lío geopolítico en otro nodo logístico: el estrecho de Ormuz. Cambio climático, estancamiento económico y geopolítica, en fin, se interconectan en Kaub. Y lo mismo ocurre con los choques que está encajando Europa en este verano de pesadilla: hasta siete crisis que se entrelazan como las cerezas de un cesto.
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