La entrada masiva de migrantes y la posterior tensión social hablan de una fractura que trasciende la cuestión migratoria y afecta a la convivencia y a la estabilidad política. Cabe preguntarse hasta qué punto Marruecos supo identificar y explotar las vulnerabilidades estructurales de la sociedad española. No afirmo que exista una operación diseñada para provocar los episodios de violencia recientes. Para sostenerlo faltan pruebas. Pero tampoco deberíamos descartar sin más la hipótesis de una presión indirecta basada en los flujos migratorios, sobre lo que hay precedentes. En un país polarizado basta con que un actor exterior conozca las fisuras y tenga paciencia. Hay que preguntarnos si España está siendo capaz de anticipar aquellas estrategias que exploten sus propias debilidades.
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